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España es una leyenda del fútbol mundial

Publicado Por elchismologo Hoy domingo, 1 de julio de 2012 | domingo, julio 01, 2012



Por: josé manuel cuéllar / kiev (ucrania)
Fuente: ABC.ES

Hay partidos que llegan pintados en la cara. Veías el pasillo del vestuario y los italianos tenían el rostro desencajado, pálido cual Gioconda pero sin sonrisa. La sonrisa era de Piqué, bromeando con el árbitro al que hacía sonreír (poco le valió luego por cierto). Los italianos llevaban la tensión en el rostro y denotaban miedo, miedo oculto, del que se enfrenta al maestro que quieren imitar. [Narración: Así hemos contado el partido]

Y salieron. Fue increíble. Una exhibición en veinte minutos de auténtica magia española. Pocas veces, o ninguna, se vio algo igual. Xavi se plantó en el medio campo y cogió el encuentro, lo dobló en varias partes, se lo puso debajo del brazo y se lo llevó a su casa. Nadie más vio el partido, al menos de los italianos, durante esos veinte minutos maravillosos. [Estadísticas el partido en números]

Corrían los italianos como posesos, ordenadísimos, pero sufriendo como perros hambrientos los pobres. Chiellini en la izquierda fue un coladero tremendo. Arbeloa, advertido de que es un central reconvertido, subió una y otra vez y lo mató, lo mató a carreras, a pases, a desdobles. Estaban los italianos con el rostro amoratado, entrando los españoles por todos lados, con la daga afilada, afiladísima, de punta asesina, en cada pase interior. Los de Prandelli achicaban agua como podían hasta que Chiellini reventó, reventó de asfixia, de agobio, de ver el balón y no tocarlo. Le entró Cesc por ese lado y el central-lateral se rindió, se cayó derrumbado como un fardo. Fabregas entró hasta la cocina y el pase de la muerte fue de la muerte pero de verdad. Llegó uno de los enanos, Silva, como podía haber sido cualquiera en ese rondo continuo, y la clavó de cabeza en la red.

El estadio, rojo rojo hasta la bandera, estalló de júbilo, no se sabe si por el gol o por el fútbol realizado. Probablemente por lo último porque todo era de tal belleza que en las gradas se veían lágrimas de emoción, de éxtasis. Una gozada. El mejor fútbol nunca visto.

Y se paró. Al menos se frenó. Italia es Italia, regia, orgullosa, con gente de valía, caballeros que mueren de pie. Y Chiellini, roto, se fue al vestuario. Malo para España. Salió Balzaretti, que es un lateral de verdad, no un remiendo o un parche. Italia, claro, dejo de caer con las botas puestas, y se adelantó con todo, con el recién incorporado subiendo tanto que apoyaba a la medular y equilibraba ese roto que los españoles estaban haciendo con unas tijeras de poder árboles.

Se puso a prueba entonces la otra virtud de España: la defensiva. Y Casillas, que no es Buffon, por mucho que los listos que se creen que han inventado esto se lo crean. Casillas hace milagros. Buffon no. Todo lo que creó Italia, a fuerza de rabia y destellos de talento, lo anuló la buena zaga española y si no Casillas, que lo rebotó todo, como si fuera un frontón. Aparecía Cassano, pero no Balotelli, que parecía un fantasma haciendo amagos sin mover un centímetro a nadie. Brindis al sol.

Ese ligero acoso duró poco tiempo. Dos contras rojas volvieron a meter el miedo en el cuerpo italiano. Un metro atrás y el balón ya era español otra vez. En cuanto Xavi entró de nuevo en el carrusell, la soga apretó de nuevo el castigadísimo cuello azurro. Al borde del descanso, el cerebro español condujo el balón en la frontal italiana, hizo una pausa y a su lado pasó como una centella Jordi Alba, que es un meteoro en acción. Sobrepasó a la zaga italiana y en el momento justo Xavi se la puso de cine, justito al espacio para que llegara y reventara a Buffon y a toda Italia.
Todo a favor

La defunción italiana la aplazó un árbitro cagón e inepto, que se tragó unas manos de Bonucci clarísimas. A España le dio igual. Siguió a lo suyo. Di Natale había salido por Cassano, dando cancha y mordiente a una Italia que no se rendía nunca. Pegaba Italia con todo, pero no podía con Casillas y en cada contra Xavi les mataba en cada jugada, amenazando con liquidar el partido.

Hubo arreones de la azurra, pero no tenían la magia ni la determinación del rival. Iban poniendo el alma y la vida en cada ataque, valientes porque cada llegada arriba era una amenaza en su espalda, a punto de quebrarse por completo. Todo se puso negro, negro para Prandelli cuando Motta se rompió, por completo. El isquio se quebró en mil pedazos y los italianos habían hecho los tres cambios en busca de un milagro que cada vez era más y más lejano. Italia se quedaba con diez, pero seguía atacando, buscando algo que le diera oxígeno.

Si con once a los italianos les costaba un horror avanzar, con diez ya apenas tuvieron opción. España se arremangó para coger el balón y tocarlo setecientas veces, haciendo un rondo continuo que hacía que los italianos echaran los pulmones por la boca, totalmente derrengados, persiguiendo sombras, y en un momento dado, zas, pase al hueco y fin de la historia. Había salido Pedro y aquello olía a victoria de lujo.

El final, como todo el partido en sí, fue una respuesta contundente a los que acusan a España de aburridos. Aburridos ellos porque la exhibición de los de Del Bosque fue de tal lujo que quedará grabado en la memoria de todos. Xavi coronó su excelsa actuación con un pase de gol formidable para que Torres pusiese un broche de oro al partido.

En el final, la conexión inglesa destrozó a los italianos, que ya no quisieron más. España logra el trébol, algo que ninguna selección consiguió nunca jamás. Hasta este día histórico.
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